Como ya sabéis todos, parte de nuestra comu de San Basilio -Isabel y Gonzalo, con sus hijos Angel y la recién llegada Carmen- están en Arequipa, Perú. Y no dejan de enriquecernos con sus periódicos emails en los que plasman todas sus experiencias de allí.
Ya os contamos en el encuentro de Mohernando que su misión allí tiene también una fuerte repercusión aquí, en el seno de nuestra comunidad.
Como noticia más reciente está la del bautizo de Carmen, que les ha llenado de alegría y les ha hecho caer la baba a los abuelos que han estado de visita allí para el nacimiento de la criatura.
Os adjunto alguna foto para que os hagáis una idea. Además, a mí me ha hecho especial ilusión poner caras concretas a los miembros de su nueva comunidad de allí. Se les ve a todos muy pendientes de nuestra familia de misioneros y me consta que ellos se sienten muy, muy queridos por ellos.
Además -y de ahí el título de esta entrada del blog- quería compartir con los muchos profes que pululamos por ENCOMUN y que, a estas alturas del curso hacemos balance de lo hecho o no hecho durante el mismo, un textito que me mandó Gonzalo hace poco y que me parece precioso para reflexionar desde nuestra realidad de profes madrileños con nuestra circunstancia concreta.También me viene a la cabeza, a raíz de la experiencia que Gonzalo cuenta de Gabriela, una frase que se pronunció hace unas semanas en el acto de presentación del manifiesto "No es verdad" de la Red IRES (Investigación y Renovación Escolar) al que asistió el pedagogo italiano Francesco Tonucci "Frato".
Creo que fue el mismo Tonucci el que la pronunció: "para educar hay que
perder el tiempo".
¡Cuánta verdad! Sobre todo ahora que a muchos nos reconcome por dentro el no haber podido terminar nuestros programas a tiempo. ¿Programas...o personas?
No os aburro más. Ahí va el texto de Gonzalo.
José Luis (Comunidad de San basilio)
Hace ya algunas semanas me pasó esta historieta con Gabriela, una de las niñas de mi clase. Tiene 5 años y es muy chiquitina, flaquita, con el pelo corto y la mirada algo hundida. Es su primer año en la cuna, y es especialmente tímida.
La profesora estaba trabajando con las pizarritas acrílicas individuales, pero ella, como algún otro compañero, todavía no la había traído a clase. Así que estos tenían que ir dibujando lo que la señorita decía en la pizarra grande de la clase. Al llegar su turno, ella ni se levantó de la silla. Miraba muy seria, como mira ella, como si la cosa fuera con otra. Los demás se iban levantando por turno a dibujar cosas que empiecen con la A, con la E, con la I…
Cuando habían pasado unos cuantos compañeros por la pizarra, ella empezó a levantarse, como también habían hecho otros tantos, acercándose a echar un vistazo a la pizarra. Se levantaba, miraba con aire desentendido, y se volvía a sentar. Pero no hacía caso del rotulador que yo insistía en ofrecerle.
Y cuando ya se acercaba la hora del recreo, en medio del revuelo de los que van a hacer pis, en una de sus aproximaciones a la pizarra… aceptó el rotulador. Y se puso a dibujar un arbolito, con la A. Lo hizo bonito, distinto a los árboles que habían dibujado los otros. Cuando volvió a su sillita, me miró con una sonrisa discreta pero completa. Una sonrisa de ojos. No abrió la boca en toda la hora, pero estaba feliz de verdad. Y yo…
Los profes estaréis acostumbrados a este tipo de historias. Es maravilloso asistir a estos triunfos de los chavales. Un ratito así compensa por horas de malos ratos.
¿Por qué será tan tímida Gabriela? ¿Será que es nueva simplemente o habrá algo más? Acá es fácil que haya algo más. Muchos niños, ya os conté al principio, hace un año, me miran con mucha curiosidad. Soy el único hombre en la guardería, y a veces el único hombre que pasa cerca por su día a día. Los padres están muchas veces ausentes… o mejor si lo estuvieran de verdad. Y yo siento que me quieren especialmente, que están contentos de que esté en su salón.
Paola me dijo a los pocos días de conocerla, “Mi papá pega a mi mamá”, como quien dice “Parece que hace bueno”. Paola, me dice su mamá, escapa muchas noches a la barranca cuando su papá llega borracho a casa. A José Andía le gusta susurrarme al oído, “Mi mamá me ha comprado una mochila”, y dice que soy su amigo. No conoce a su padre. Joel, que se comunica casi con gruñidos, me abraza siempre que llega a clase, y pone su cabeza en mi vientre.
Cuántas cosas se me remueven.
Un abrazo, gracias por mantener la comunicación. Juntos en el Señor,
Gonzalo
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miércoles, 17 de junio de 2009
207. Cosas de profes... con ilusión
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viernes, 7 de noviembre de 2008
115. San Basilio saltó a Arequipa (Perú)
A todos aquellos de vosotros que asististeis al encuentro festivo de final de curso en Mi
raflores no os resultará nuevo el que os digamos que tenemos tres (¡y medio!) hermanos de comunidad en Arequipa (Perú).
Se trata de Isabel y Gonzalo que, con su hijo de un año, Angel, decidieron embarcarse en una misión con los Laicos Combonianos hace ya algunos meses.
Gonzalo (físico él) e Isabel (trabajadora social y abogada ella), empezaron a dar vueltas hace cosa de un par de años a la idea de dejar casa y trabajos y cambiar los aires de Madrid por los altos cielos de la sierra de Arequipa. Desde allí, comprometiéndose en lo que la realidad que cada día les pide, nos mandan un continuo soplo de aire fresco (una veces por email y otras por teléfono) a los que hemos quedado aquí, reuniéndonos cada viernes por la noche para rezar con ellos y desde ellos.
Sabemos, desde su recién adquirido nuevo acento, que la realidad se les hace difícil a veces, que los temblores de tierra nocturnos llenan el cuerpo de miedo, que los caminos llenan los zapatos de polvo, pero que los nuevos hermanos, y el Padre a través de ellos, te llenan el corazón de esperanza e inquietudes.
Nos dice Gonzalo que a veces se ha sorprendido tarareando a Antonio Molina en el autobús pero, señal inequívoca de que se han adaptado, es que está en camino ese nuevo "medio" hermanito o hermanita de comunidad al que hacía referencia al principio.
Y ahora, quiero dejaros en directo con ellos, pues Gonzalo nos ha enviado un texto con la petición explícita de que lo colgásemos en el blog de ENCOMUN. Ahí va...
raflores no os resultará nuevo el que os digamos que tenemos tres (¡y medio!) hermanos de comunidad en Arequipa (Perú).Se trata de Isabel y Gonzalo que, con su hijo de un año, Angel, decidieron embarcarse en una misión con los Laicos Combonianos hace ya algunos meses.
Gonzalo (físico él) e Isabel (trabajadora social y abogada ella), empezaron a dar vueltas hace cosa de un par de años a la idea de dejar casa y trabajos y cambiar los aires de Madrid por los altos cielos de la sierra de Arequipa. Desde allí, comprometiéndose en lo que la realidad que cada día les pide, nos mandan un continuo soplo de aire fresco (una veces por email y otras por teléfono) a los que hemos quedado aquí, reuniéndonos cada viernes por la noche para rezar con ellos y desde ellos.
Sabemos, desde su recién adquirido nuevo acento, que la realidad se les hace difícil a veces, que los temblores de tierra nocturnos llenan el cuerpo de miedo, que los caminos llenan los zapatos de polvo, pero que los nuevos hermanos, y el Padre a través de ellos, te llenan el corazón de esperanza e inquietudes.
Nos dice Gonzalo que a veces se ha sorprendido tarareando a Antonio Molina en el autobús pero, señal inequívoca de que se han adaptado, es que está en camino ese nuevo "medio" hermanito o hermanita de comunidad al que hacía referencia al principio.Y ahora, quiero dejaros en directo con ellos, pues Gonzalo nos ha enviado un texto con la petición explícita de que lo colgásemos en el blog de ENCOMUN. Ahí va...
Marisa, lo he vuelto a hacer
Hemos celebrado la peregrinación anual al santuario de la virgen de Chapi, en la sierra de Arequipa. Es un paisaje desolador, seco, arenoso y polvoriento. Allá aparece el santuario, humilde y acogedor. Hemos visto una placa que informa de que, hace dos meses, justo el día que nosotros llegamos al Perú, el arzobispo inauguró junto con las autoridades la nueva obra para levantar un nuevo complejo-santuario-museo, que costará entorno a los 3 millones de dólares. El antiguo templo lo destruyó el terremoto del 2001. Ese desembolso lo aliviará sin duda el cheque de un millón que ha donado una de las empresas mineras que trabajan en la región y que siempre reciben críticas por parte de los campesinos a causa de la contaminación que generan en el entorno… Pero eso es otra historia.Al salir, he preguntado discretamente a una amiga peruana sobre el asunto. Se trata, parece ser, de que a estos santuarios acuden precisamente muchas personas que no participan habitualmente en la Iglesia y que no conocen cómo comportarse adecuadamente. Tengo que aprender más de este pueblo y de esta Iglesia.
Tras la Eucaristía, tiempo libre para la comida. Cada familia o grupo de amigos de la parroquia se acomoda sobre unos escalones o unas piedras, no bajo un árbol, que estamos en un desierto, dispersos unos de otros. Sacan la comida que llevan en sus loncheras y comparten. Yo he traído un par de bocadillitos de lomo ibérico, no quise dedicar tiempo anoche a preparar más. Además, el padre me dejó caer que no llevara gran cosa. Porque él, junto a las hermanas y la cocinera de la casa parroquial, comerían en un restaurante surgido a la sombra del santuario. Sencillo, pero restaurante. Allá me han invitado a mí, como laico ibérico, pata negra. Esta vez he sentido confusión y cobardía.
He dudado media hora. Mientras conversábamos sobre los males del país con varios peruanos de la parroquia, sentía que no debía almorzar en el restaurante, apartado de la explanada donde comerían el resto de hermanos de la parroquia. Pero también sentía que no quería hacerme notar frente al padre y las hermanas, apareciendo más cerca de los pobres que ellos. Porque ellos están de verdad con los pobres, así lo he percibido en estos escasos dos meses.
Y al final del día llego a casa y le digo a mi mujer. “Marisa, lo he vuelto a hacer”. En la confusión, me he quedado sentado en la mesa de los que tenemos plata para pagar un plato de comida en un restaurante. En la mesa de la jerarquía, que no son sólo los obispos. Lo mismo m
Predico la igualdad en el pueblo de Dios, pero rápidamente me deslizo por las trampas del modelo eclesial que perdura siglos no solo en Latinoamérica. O tal vez no. Tal vez a los parroquianos les haya pasado desapercibido el detalle. Saltar el abismo que me separa de los pobres me coloca en esta tensión, esta inquietud y desazón. Bendita sea. Puedo incluso engañarme y confortarme con esa misma intranquilidad, pensando que ya estoy en el buen camino, que tengo una conciencia crítica.
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